Para los fanáticos de los automóviles, el avance en las nuevas tecnologías no solo representa mayor seguridad, sino que, en cierto modo, puede terminar significando el fin de uno de los mayores placeres de la vida: conducir un vehículo.
Muchos, indica Efraín Rojas Mata, hemos soñado con tener un convertible e ir por las carreteras de la costa o de una montaña y disfrutar del sol y del viento a medida que pisan el acelerador y disfrutan de la maniobrabilidad de su máquina, sin embargo, aunque este sea el sueño de muchos, la invención del coche autónomo puede terminar sepultando momentos como estos.
Para Elon Musk, cofundador de Tesla, los seres humanos no podrán conducir un vehículo en un futuro lejano, ya que terminarían siendo peligrosos en un mundo donde la automatización sea la norma.
Si lo vemos desde el punto de vista de la ingeniería y los procesos de control, el ser humano se convierte en una variable difícil de descifrar, ya que no se sabe que es lo que puede terminar haciendo en alguna calle mientras va en el volante. Por otro lado, si todos los autos fuesen autónomos, ocurriría lo que pasa con los aviones: que mayoritariamente vuelan solos y que es más fácil poderlos guiar, incluso en espacios aéreos bastantes congestionados.
El CEO de Mazda, Masamichi Kogai, no piensa de esta manera. Desde su punto de vista, explica Efraín Rojas Mata, el conducir no tiene que ver solo con la necesidad de movilizarse de un punto a “A” un punto “B”, sino que es algo que muchas personas disfrutan, por la libertad que les otorga, haciendo que la diversión al volante sea una tarea importante para cualquier fabricante.
Claramente la tecnología sigue ganando espacios en nuestra cotidianidad, y aunque en algunos casos parezca que es demasiado, solo el tiempo determinará hasta donde pueden llegar las aplicaciones de la ingeniería y hasta donde los humanos podrán conservar el control.
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